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Espejos. Sobre Une histoire seule, de Xurxo Chirro y Aguinaldo Fructuoso

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Une histoire seule. Xurxo Chirro y Aguinaldo Fructuoso. España/Suiza. 65min. 2013.

Espejos. Sobre Une histoire seule.

 por Sebastián Rosal

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“…nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una
novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara
los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran
a unos pocos lectores –a muy pocos lectores- la adivinación de una
realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo
nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es
inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso”

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges

Continuidades. Une histoire seule empieza en el punto exacto en el que finalizaba Vikingland, el primer y anterior largometraje de Chirro. En aquel film, se mostraba el trabajo diario de un marinero gallego embarcado en el ferry que une, a través del Mar del Norte, los puertos de Sylt, en Alemania y de Romo, en Dinamarca, pero lo particular de dichas imágenes, realizadas originalmente por el propio protagonista a comienzos de los ‘90, estaba dado por la mirada casi virginal con que fueron tomadas, a partir del absoluto desconocimiento y la falta de experiencia previa del marinero sobre cómo manipular una cámara y qué registrar. Dichas cintas fueron encontradas accidentalmente por Chirro casi veinte años después, y de su manipulación surgió una película en la que es posible detectar varias capas de sentido: se habla allí de la memoria individual y colectiva, y del progresivo tedio que los meses de alta mar operan sobre el trabajo cotidiano. Pero también se reflexiona sobre la degradación propia del material cinematográfico (muchas de las cintas estaban a punto de desaparecer debido al abandono de años), y hasta se plantea un interesante cuestionamiento hacia la noción tradicional  de autor, claramente atribuible a Chirro, aunque no haya sido él quien generara las imágenes con las que trabaja. Si se postula que Une histoire seule es una continuación de aquella, no es sólo porque lo primero que vemos son imágenes en video (el mismo soporte de su anterior largometraje), sino porque nuevamente aquí se vuelven a plantear determinadas preguntas que también estaban presentes en Vikingland: la mirada como principio fundador del discurso cinematográfico, la posibilidad o no de ver, el diálogo permanente con el fuera de campo, la noción de autor, el rol del espectador en la construcción de sentido.

Texto y paratexto. El catálogo del 28° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata anuncia que Une histoire seule es la búsqueda, por parte de Chirro y de su amigo Fructuoso Aguinaldo, de la figura de Jean Luc Godard en su cueva suiza de Rolle. Es esa búsqueda, ese intento de encuentro, el motor iniciador de la historia. Pero todo eso lo sabemos, porque la película, desde su primer plano, esquiva todo el tiempo la posibilidad de reconstruir tal historia. Juego de espejos que refleja una evasión doble: la de Godard (eterno ermitaño), a quien nunca veremos más allá de alguna aparición ocasional en videos de la web; y la de la trama, empecinada en distraerse en diversos aspectos del paisaje y la gente de la ciudad suiza de Ginebra. Aguinaldo filma allí, mientras se comunica por teléfono o vía Skype, con Chirro en Galicia. Como en un juego de cajas chinas, también en esa relación, y en las que Fructuoso entabla en diálogos ocasionales con los lugareños, hay equívocos, dudas, interpretaciones aleatorias o miradas divergentes. La trama no avanza. Godard sigue en su cueva. Y es allí donde la película juega sus cartas. En ese hiato entre lo que el ojo ve y lo que la mente sabe. El ojo, vuelto ahora independiente, recorre Ginebra, convertida en jardín de senderos bifurcados: sus plazas, sus fuentes, sus monumentos a Rousseau y a Calvino, sus transeúntes, la tumba de Borges (¿quién mejor que él si hablamos de espejos?); la mente, mientras tanto, intenta reconstruir la historia que el relato niega, tratando de armar el rompecabezas imposible. En esa fractura entre lo visto y lo sabido, reside el pequeño milagro de la (buena) obra de arte contemporánea, y la película toma decididamente esa senda: será el espectador quien tenga la posibilidad de extraer de ella una lectura en clave polisémica. En alguno de los diálogos escuchados se menciona la cualidad propia del teatro, en tanto evento vivo, de resignificarse en cada nueva función, y la supuesta imposibilidad del cine, por su propia naturaleza, de poder concretar tal empresa. Une histoire seule niega en parte tal afirmación: menos que un objeto fílmico adocenado pasible de ser reproducido una y otra vez, es posible pensarla como un acto fílmico que sólo puede completarse y adquirir múltiples significaciones de acuerdo a los ojos de quien la vea. Claro que para eso se necesitan ideas claras, un ordenamiento inteligente de los materiales y un espectador activo y comprometido, abierto a la posibilidad de hacer de su propia imaginación una plataforma de despegue.

Historia e historia. Como en la cita de Borges, la película también deja entrever que algo monstruoso subyace, asordinado, en el fondo, disimulado entre los cisnes del lago y los escaparates de lujo de una ciudad del Primer Mundo. Es una violencia global pero contenida dentro del relato, apenas insinuada en las amenazas que recibe Fructuoso para que deje de filmar y en los músicos inmigrantes a los que vemos tocar, a quienes intuimos como las próximas presas de los partidos políticos de extrema derecha que avanzan en los resultados de las elecciones. Pero también en los totalitarismos de izquierda que aparecen en la televisión, y en el recuerdo de José Couso, el camarógrafo gallego muerto en Bagdad por los bombardeos estadounidenses. También aquí, al igual que en el cuento borgeano, en el que el mundo de Tlön se empieza a colar lenta pero inexorablemente, la amenaza empieza a manifestarse a través de esas pequeñas señales. Pero lo que acecha este mundo no viene de afuera, sino que espera agazapado dentro de sus propias entrañas. Sólo hay que tener los ojos abiertos y la atención necesaria para poderlo ver. Es la pátina del desencanto, del inconformismo, la cuenta regresiva que nos propone el mundo actual (regresiva en un sentido doble: porque involuciona y porque amenaza con culminar en un estallido). En un último juego de espejos, el film hace que la Historia se refleje en la historia, porque el encuentro con Godard finalmente nunca se concretará. Lo sabemos porque en el final de la película, en el único plano referido al tema, un parroquiano nos avisa que Fructuoso y Chirro lo están buscando en el lugar equivocado, en Morges, el pueblo siguiente a Rolle, sobre el lago Leman. Es el relato de un fracaso, claro a la luz del sol pero perdido un rato antes en la neblina que ocultó el cartel de la ruta. Es el último equívoco y la última paradoja, el último reflejo antes de los irónicos fuegos artificiales del final. Ahora sabemos que Godard y la búsqueda de su figura nunca fue más que un McGuffin.

3 pensamientos en “Espejos. Sobre Une histoire seule, de Xurxo Chirro y Aguinaldo Fructuoso

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