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Contraplano (3)

Contraplano (3)

por Fernando Luis Pujato

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Un mes de octubre

El universo de la pantalla no puede yuxtaponerse al nuestro; lo sustituye necesariamente, ya que el concepto mismo de universo es espacialmente exclusivo. Durante un cierto tiempo el film es el Universo, el Mundo, o si se quiere, la Naturaleza. André Bazin, ¿Qué es el cine?

Querida Geraldine

Después de aquél solitario viaje algo fatigoso atravesando épocas y situaciones un tanto diferentes entre sí, esta invitación a viajar de a dos por estos dos últimos siglos tan cercanos el uno del otro me agotó felizmente. Por fortuna los fantasmas no tienen tiempo ni edad y podemos continuar imaginándonos junto a ellos -vidas ya no vidas en este mundo pero siempre vivas danzando a nuestro alrededor- y podemos imaginar también, a través de siluetas de mujeres embarazadas y pequeños pies calzando zapatos con un solo cordón y besos sin besar, existencias por venir acariciadas y deseadas por otras voces y caminos sin límites por recorrer trazados y desandados por otros e incesantes 522 repeticiones repetidas por otros tal vez para desmoronar la idea hollywoodense de un mito, admitámoslo, falazmente romántico. Finalmente decidí cruzar el Canal de la Mancha como te había comentado y ver un film maravilloso, esa clase de films ante los cuales uno se siente inmerso hasta en el más mínimo detalle -o al menos yo lo siento de esta manera y no sólo retrospectivamente- no ya porque exista una suerte de identificación con el personaje o con la historia o con ambas cosas a la vez, esos lugares comunes del cine de cualquier época y lugar, ese cine un tanto cómodo y previsible que construye adhesiones identitarias de cualquier orden, conscientemente la mayorías de las veces o inconscientemente las menos, sino más bien porque el bello epígrafe de nuestro querido André Bazin que encabeza este escrito es la condición no tanto necesaria pero sí ineludible del cine como una invención. Te envío mis recuerdos de El largo día acaba enviados también, simbólicamente, a Terence Davies, como ejecutando el gesto de arrojar una botella con un mensaje adentro al mar sabiendo que sin botella y sin mar, aunque el mensaje exista, es muy difícil que alguna vez arribe a su costa; esas costas que son un poco las nuestras también.

TERENCE

El largo día acaba. Terence Davies. Reino Unido. Formato 35mm. 1992. 85min.

Recuerda. ¿Recuerdas cuándo tus hermanos y sus novias salieron en bicicleta? Tú no tenías bicicleta; “¡no olviden traerme las peras!”. ¿Recuerdas los rezos en la iglesia al lado de tu madre? ¿Y junto a los compañeros de colegio? Rezos privados y rezos públicos, la imagen de la crucifixión siempre estará allí, en tus pesadillas, sin importar cuantos y cuantos rezos, sin importar el rezar. ¿Recuerdas comprar el lápiz de labio para tus hermanas y también los cigarrillos? ¿Recuerdas verlos salir, bajando la calle, mientras los mirabas desde la puerta de la casa? Estaban contentos, tú también; “dice mamá que no vuelvan tarde a casa”.

Recuerda y filma. Estás en el cine. “Mamá, ¿dónde está Bud?”, “en el cine, ¿en qué otro lugar podría estar?”. Apoyado en la baranda del palco, viendo la película que nosotros no vemos, la cámara baja hasta un parque de diversiones donde estás comiendo un copo de nieve y tus hermanos juegan al tiro al blanco. El mismo plano pero en otro espacio y en otro lugar y en otro momento del día.

Recuérda(te) bajo la lluvia. No te mueves, el plano está fijo, esperas, la gente pasa a tu lado:” ¿puedo entrar con usted, señor?” “¿puedo entrar con usted, señor?” “¿puedo entrar con usted, señor?” “sí, entra conmigo chico”. Fílma(te) en el colegio, tienes que redactar, piensa, recuerda lo que has visto en alguna película. Estás solo, sólo la luz está ahí, todo lo demás está oscuro, el barco aparece, es el recuerdo, es la ensoñación del recuerdo. Ya puedes redactar.

Recuerda y filma y escucha. Recuérda(te) sentado en el regazo de tu madre, ella canta una triste canción y llora, llora un llanto contenido, no una súplica desgarradora, en la tenue luz que envuelve las penumbras que los rodean, “la cantaba mi padre”. ¿Y tu padre? ¿Está en esa canción de amor que cantaba tu madre mientras esperabas sentado en tu escalera los once peniques que te faltaban para ir al cine? ¿Está en ese festejo de fin de año en la calle nevada mientras las familias cantan tomadas de la mano? ¿Está en esa foto de álbum familiar que imaginas a través del cine? “Feliz año, Bud”. Sólo por medio del cine, solo en el cine, “el cine, el lugar del padre muerto, también era el contrapeso del discurso de la madre viva”, decía nuestro querido amigo Serge (Daney). Quizá, en aquellas Voces distantes, tu padre.

¿Y se pueden filmar los recuerdos? ¿Cómo filmar lo que se recuerda de esos recuerdos? Tal vez en cursivas -porque tu cine está filmado con letras cursivas, Terence -en el mismo ángulo de luz de un jarrón con flores cuyos pétalos caen, imperceptiblemente, mientras la cámara se acerca a esa pared que está detrás, baja pasando por un viejo anuncio de un film hasta llegar a una calle a oscuras, y llueve, y la cámara dobla a la derecha y se dirige a un pasillo con escaleras, y todo está en ruinas, “¿hay cuartos en alquiler?”. Es la voz de un hombre.

¿Quién comienza así un film, mostrando lo que, desaparecido, ya no puede desaparecer más, desgarrándose? Pero tú recuerdas y filmas y escuchas. Recuerda siempre: “cierra la puerta, Kevin”, “sí mamá”. Frotando la espalda de tu hermano, cruzando la calle, esa calle empedrada, siempre tomada del mismo ángulo, siempre a la derecha, cruzando esa calle en el medio de la lluvia para soportar el castigo por haber llegado demasiado tarde o demasiado temprano a la clase. Y el castigo de tus compañeros también. El castigo institucional y el castigo privado. Y el castigo simbólico de otra institución, tal vez el más doloroso por ser el más duradero Todos los castigos son crueles, el cine también es cruel.

Pero hay algún refugio en esas reuniones con los vecinos. Todos cantan, tú y Titch también cantan enmarcados por el cuadro de la puerta como en el cuadro de una pantalla. Como cuando miras ese beso tras el cristal de la puerta que se cierra, sombras besándose, las sombras del cine. No parece haber nostalgia allí, remembranza de un pasado al que se desea o se quiere volver. Desde tu presente filmas aquel presente. Y recuerdas: “clean/ louses/ clean/ clean/ loues/ louses/ louses”, la seca enfermera, momia casi petrificada, de aquél Ejército de Salvación (estamos en los ‘50) de aquella segunda guerra que sigue presente en las filas que hay que formar después del recreo, antes de clase, después de clase; esa guerra siempre seguirá presente.

Pero, ni retratar vidas, ni interpretarlas, ni disponer de ellas asimétrica y parcelariamente, sino tan sólo evocarlas. Y evocarte en ellas, a través de ellas, alrededor de ellas. Tal vez, sólo tal vez, una pizca de melancolía porque aquellas bellas y dulces canciones ya nunca volverán. Lo sabes y por eso filmas. Filmas la clase de erosión, ¿recuerdas?: “la erosión se divide en cuatro: erosión pluvial debido al efecto de las lluvias, erosión aluvional debido al efecto…”. El tiempo erosiona todo. Ya habrá tiempo para esa erosión y para esa (tu) calle más allá de la calle, ya llegará ese tiempo en Del tiempo y la ciudad; ya llegará.

Aunque ahora estas imágenes son sólo tuyas, como tu soledad, mirando por entre las rejas de hierro del frente de tu casa, balanceándote desde un ángulo picado, y el travelling va al cine, a la iglesia, al colegio, otra vez en el mismo plano y en la misma disposición espacial pero en distintos escenarios. Los escenarios de tu vida. Por eso filmas. Cuando tus amigos pasan frente a tu casa se dirigían al cine (creías) y no te invitaron. Pero sí, estás sentado al lado de tu amigo, mirando el ocaso de un día en la pantalla. El día que acaba, lentamente, mientras de derecha a izquierda el sol se oculta entre las nubes grises, casi metálicas, y sólo queda un pequeño fulgor, un haz de luz allá, debajo del cuadro de la pantalla ¿Recuerdas ese largo, largo día?

Recuerda y filma y escucha. Escucha esa canción escuchada siempre desde aquella no tan lejana niñez, la canción de este amor por este arte tan temprano como aquella temprana niñez: “si pudiera vivir otra vez / volvería a enamorarme de ti”. La pantalla está en negro, es el fin de El largo día acaba. Es el principio del cine

Hasta el próximo plano, querida Geraldine.

FLP -aún caballero de la Orden de Cinéfilo.

|Para leer  la correspondencia completa, pueden descargar el siguiente PDF: Correspondencia completa | Pujato – SK|

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