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Saltar con fuerza

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Un rumor atraviesa el tiempo. Anna M. Silva Schlenker. Colombia. 27min. 2013.

 

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A través de una capa de tiempo. Anna M. Silva Schlenker. Colombia. 8min. 2013.

 

Saltar con fuerza

Por Geraldine Salles Kobilanski

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Todo lo que digo (…) acerca de la supervivencia como complicación de la oposición vida/muerte procede en mí de una afirmación incondicional de la vida.La supervivencia es la vida más allá de la vida, la vida más que la vida, y el discurso que pronuncio no es un discurso mortífero; al contrario, es la afirmación de un viviente que prefiere el vivir, y por tanto el sobrevivir, a la muerte, pues la supervivencia no es sólo lo que queda: es la vida más intensa posible. 

Aprender por fin a vivir (2005), Jacques Derrida

Silva está conformando su propio universo cinematográfico, el cual descansa sobre dos cortometrajes: Un rumor atraviesa el tiempo y A través de una capa de tiempo. Ambos títulos comparten la misma inquietud utilizando la misma etimología, es decir, las perforaciones que el tiempo provoca en el cuerpo humano. Perforaciones que inevitablemente nos hacen reflexionar sobre nuestro andar y nuestros últimos pasos.

En su corto de graduación Un rumor atraviesa el tiempo, Silva observa con un sutil detenimiento los rituales que llevan a cabo las personas que visitan a sus familiares ausentes en el cementerio de Bogotá y a los trabajadores que dedican su tiempo laboral a estar más cerca de la finitud humana. Su cámara paciente y un tanto distante, observa en silencio la fe traducida en ritos, el deseo de perdurabilidad de los sobrevivientes. En su segunda película, la cineasta busca aquellas perforaciones con mayor intensidad personal. A través de una capa de tiempo dialoga con la historia de un hogar de niños, de sus estadías, fugaces o no, atesorada en las palabras escritas de la abuela de Silva, narradas con su propia voz, su propia huella oral.

Las perforaciones provocan ausencias de distintos diámetros. En ambas películas, la ausencia se desplaza primero en brazos de la muerte, luego en brazos de la vida. En ambas películas, las imágenes, los sonidos y los seres humanos se modifican, sus contornos van cambiando. Las imágenes dejan de ser nítidas, con encuadres limpios y precisos, para convertirse en imágenes difusas en primeros planos; la cámara las rasca intentando, como ocurre con los rituales, encontrar algo que perdure, que contenga memoria. Que perdure para los sobrevivientes, que sobreviva una memoria más allá de la muerte, más allá de la ausencia. A pesar del carácter efímero de lo tangible, de lo humano, que alimenta la(s) ausencia(s), los sobrevivientes mantienen sus prácticas. Los sonidos dejan de formar parte del ambiente –los tres golpes en el nicho, las oraciones de los sobrevivientes, algunas risas, el constante repiqueteo ejecutado por los trabajadores– para concentrarse en la melodía de una cajita musical y en una voz, que remiten a una historia de vida, a la necesidad de que una historia de vida perdure a través de la cámara. Una historia que contiene otras historias, infantiles, anónimas. El ser humano deja de ser colectivo, para convertirse en uno singular, en una sobreviviente que sostiene la cámara, que narra con su propia voz, que no puede ver con claridad las imágenes de los niños que alguna vez durmieron y rieron en el “Hogar Sua Ti”. Pero que se pregunta, hacia el final, si los niños se habrán asustado al igual que ella con el ruido de un pájaro carpintero. Las aves habitan los cortometrajes de Silva: su condición aérea de caminar les garantiza sus breves estadías, las libera para volar hacia otros lugares hasta encontrar uno nuevo.

La impermanencia de la materia, ya sea la que nos ro- dea y la que nos constituye, convive con nuestra fuerza de retención. La materia que ya no está, por morir o por alejarse, aun así persiste. Nuestra fuerza de retención la practicamos a través de rituales, siendo quizá el cinematográfico uno de los más intensos.

Silva, como si de la protagonista de Jumping (Osamu Tezuka, 1984) se tratara, está empezando a saltar con fuerza.

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